Cuando uno piensa en New York, seguro que nadie se acuerda de sus playas, y es que la ciudad que nunca duerme no es precisamente famosa por su arenales. Si queremos disfrutar de la arena de la playa, la más famosa a la que podemos ir es Coney Island, en la parte sur de Brooklyn.
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5 cosas diferentes a hacer en New York
New York, la ciudad que nunca duerme, ofrece un montón de alternativas de ocio para los turistas y sus habitantes, siendo siempre una buena opción dar vueltas por las calles a ver que te encuentras, que menos algo normal, algo te va a sorprender. Por si acaso visitas New York y estás algo falto de ideas, aquí van algunas:
Probar una de las mejores hamburguesas
En New York hay muchas hamburgueserías, muchas cadenas de comida rápida, pero muy pocos sitios donde disfrutar de este fast food. Menos mal que existe el Burger Joint. Dentro del Hotel Le Parker Meridien (118 W 57th St), en un oscuro pasillo que da a una pequeña puerta custodiada por un destartalado neón, llegamos a este tugurio de 4 mesas lleno de humo. La hamburguesa es fea, muy fea, y algo cara, pero cuando nos la llevamos a la boca, nos cuesta creer que estamos comiendo una simple hamburguesa. Uno de esos sitios que no se olvidan.
Miami, algo más que sol y playa
La ciudad más grande del sur de los Estados Unidos, Miami, es de sobra conocida por las persecuciones en lancha de “Corrupción en Miami“, las mansiones de los famosos y la justicia que imparte Horatio Caine de “CSI: Miami“.
Antes de ir a Miami, creía que aquello no era más que una larga playa llena de mansiones, calles y edificios por doquier, sin mucho más atractivo que el clima semi-tropical y las largas playas. Nada más aterrizar en el aeropuerto, con sus jardines de palmeras y sonando música caribeña, empezó a cambiar poco a poco mi idea sobre la ciudad.
El puzzle de un monasterio español en Miami
1141, Sacramenia, Segovia, España. Los obreros terminan las obras del monasterio cisterciense de Santa María la Real.
1925. Llegan los americanos, descubren el monasterio, que llevaba usándose desde hace 100 años como granero, lo compra William Randolph Hearst, y decide llevárselo a New York para tener un recuerdo pintoresco.
Debido a un brote de fiebre aftosa en Segovia y a los problemas económicos del comprador, el monasterio queda guardado en cajas hasta 1952, fecha en que lo compran Raymond Moss y William Edgemon, que lo reconstruyen piedra por piedra al norte de Miami. Por supuesto, sobraron unas cuantas piedras al volver a montar este puzzle de monasterio.
Los cayos de Florida, islas sin fin
Toda la costa sur de Florida está protegida por un gran archipiélago de unas 1700 islas, que forman los llamados cayos de la Florida, y separan el océano Atlántico del golfo de México.
Estas islas, cayos o keys en inglés, levantan unos pocos metros del nivel de mar, y las hay tan pequeñas que apenas tienen espacio para un par de palmeras, y tan grandes que tienen sitio para una pequeña ciudad, como Key West. Lo que si tienen todas en común es el cálido y cristalino mar, lleno de vida.
Key West, al sur de los cayos de Florida
Los Cayos de Florida (Florida Keys) son un archipiélago de 1700 islas que recorre la costa sur de Florida, empezando en Miami, y extendiéndose 320 kilómetros hasta quedar a tan sólo 150 kilómetros de Cuba, en uno de los cayos que más me gustó, el último, Key West o Cayo Hueso.
Key West, a pesar de ser una pequeña ciudad de 31.000 habitantes, tiene mucho que ofrecer. Para empezar, es la ciudad más al sur de Estados Unidos, por lo que hay una auténtica fiebre por señalar cualquier cosa como la más al sur. Desde el hotel o playa más meridionales, hasta la máquina rota o el árbol partido por un rayo, todo puede conseguir este honor siempre y cuando se encuentre en Key West.
Villa Vizcaya, historia y jardínes en Miami
Estados Unidos, y especialmente Florida, no son lugares especialmente famosos por sus edificios históricos, aunque con tantos millonarios como hay y hubo en el país, siempre hay gratas excepciones.
Al sur de la ciudad de Miami, junto a la Bahía Biscayne, encontramos Villa Vizcaya, una mansión de estilo renacentista italiano del siglo XVI construida entre 1914 y 1916, repleta de obras de arte europeas, asiáticas y americanas, y que fue la residencia invernal de su propietario, James Deering, hasta su muerte en 1925. En 1952 pasó a manos del condado de Miami Dade, que la abrió al año siguiente convertida en museo. El nombre le fue dado, como no, en honor a la provincia vasca de Vizcaya, que también se sitúa junto a una bahía.
A la búsqueda de aligátores en los Everglades
Cuando estuve por Florida, una de las cosas que más me apetecía hacer era conocer el Parque Nacional de los Everglades, una gran zona pantanosa llena de vegetación y de animales, como los aligátores y flamencos. En este paisaje, parecido a la residencia de Cocodrilo Dundee, habitan un gran número de aligátores en las aguas dulces, y de cocodrilos en las aguas saladas, así que tenía que encontrarlos para hacerles unas fotos.
La primera opción que se me ocurrió fue la más sencilla. Montarme en un hidrodeslizador (AirBoat) de alguna de las empresas que encontrase por la carretera, y a ver si había suerte. La que me ofreció más confianza fue la Coopertown Airboat, y no precisamente por el piloto de la embarcación, un rudo americano del sur, si no porque había unos cuantos coches aparcados y tenían un local bastante curioso, con una gran cantidad de objetos con forma de estos grandes reptiles, e incluso con unos pequeños aligátores en un acuario.
El Empire State, tocando el cielo
¿Quién no conoce el Empire State, el mítico edificio de King Kong y uno de los más espectaculares de New York? Aprovechando estos días de temporal, repaso un poco el archivo, y que mejor que poner unas fotos de este edificio, de visita obligatoria en New York.
Desde el mirador en la planta 86 se puede ver toda la ciudad, y merece mucho la pena subir a pesar de las dos horas de media que se tarda en subir. Menos mal que entre controles (como en los aeropuertos), pagar la entrada, coger el ascensor y demás se pasa bastante rápido el tiempo. Eso si, arriba puedes quedarte todo lo que quieras, que nadie te va a echar.
Mi amor al caballo
Siendo hoy el día de los enamorados, voy a mostrar al mundo uno de mis amores, y no es la cámara, es el Ford Mustang del 2007, que ya desde la primera vez que lo ví por California quise conducirlo, así que en Miami lo alquilé durante una semana. Al principio iba a ser cubierto, pero como no quedaban, me dejaron el descapotable al mismo precio que el de techo fijo. Todo un chollo.
En un sitio donde hace calor, lo mejor que hay es conducir un descapotable, dándote el aire y el sol en la cara, toda una gozada. Además, para hacer turismo puedes mirar para todos los sitios, y es muy simpático ver a la gente en los pasos de peatones a tu misma altura, como si estuvieras sentado en la calle.
En cuanto al motor, es un típico muscle car americano, con un motor 4,0L con 210cv y cambio automático. Suena a muchos caballos, pero es un motor sin turbo y un poco amariconado, aunque pisando a fondo y siendo tracción trasera va de culo muy fácilmente. Por carretera va muy suave por el cambio automático, que lo mantiene a pocas revoluciones, y al pisarle a fondo para adelantamientos, ocurre lo típico de las películas que el coche empieza a meter mucho ruido, levanta el morro y te pega a los asientos como si fuera a despegar. Toda una sensación.
La velocidad máxima son unos 190km/h, poco comparado con un coche europeo de las mismas características, aunque el límite americano son 110km/h en autopistas, así que sobra de velocidad. Lo bueno es que siempre empuja, vaya a la velocidad que vaya.
Lo que hace que te enamores de este coche irremediablemente, a parte de su estética y que es descapotable, es su sonido. Un 12 válvulas potente suena a gloria, sobre todo cuando lo arrancas y tras sonar un segundo a cascajo arranca todo el motor y un inmenso sonido a potencia inunda el coche. Ahí sientes que el coche tiene vida y canta muy bien.
En cuanto a la semana dando vueltas por Miami con el coche, ocurrieron varias cosas curiosas. Empezando por lo típico de los americanos de hablarte a la mínima, te podian decir tanto en un semáforo como al salir del coche “nice car”, incluso gente con el mismo coche.
En algún semáforo también tuve una piquilla peliculera con otro coche potente, aunque ellos al llegar a 70 no aceleran más, y al aparecer curvas casi paran el coche. Esta gente no dura dos días conduciendo por Asturias.
La amabilidad americana es impresionante, y si no valga como ejemplo que una noche aparqué el coche en un lugar prohibido donde la grúa se lo llevaba, así que deje una nota en el coche diciendo donde estaba hospedado para que me avisaran y quitará el coche. Al día siguiente, mientras estaba desayunando, entró el recepcionista del hotel y me avisó de que moviera el coche, que necesitaban el sitio. Impresionante.
Aunque sin duda lo mejor fue el día por los Everglades, los 40 km por pistas de tierra con el coche descubierto, y el poder darse un baño en cualquier playa de la zona y secarse mientras iba en el coche hacia otro lugar. Debía ser el único de Florida que iba a las 3 de la tarde con 40º de temperatura a 110km/h con el coche descubierto y la calefacción puesta a fondo. Allí solo quitaban el techo por la noche, cuando no pegaba el sol, y la verdad que a veces llegaba a quemar y había que cubrir el coche e ir con el aire acondicionado.
Tras una semana de conducir sin techo, debí de quedar algo sordo, pero merece la pena sentir el aire. El ruido no es muy grande, poco menos que ir con las ventanillas bajadas, y la sensación es mucho mejor.
Si has llegado hasta aquí felicidades por aguantar el ladrillo. Un par de videos y ya termino.
Para la próxima, una Harley Davidson.



