La rebelión del turismo de masas, ¿cómo la solucionamos?

Barcelona. Venecia. París. Roma. Lisboa. Madrid. Todas las grandes ciudades están desbordadas por la afluencia de turistas durante el verano, la temporada alta por antonomasia. En muchas de ellas, los habitantes del casco histórico están en pie de guerra contra este turismo, pues ven que cada vez es más difícil vivir en el centro de las ciudades.

Turistas mirando la Mona Lisa en el Louvre de París

Los alojamientos suben de precio de manera indiscriminada por el efecto AirBnB, las tiendas de comestibles se convierten en bares que venden comida barata o en tiendas de souvenirs, y los ruidos a horas intempestivas ya no son producidas por el vecino ruidoso que estamos hartos de regañar, si no por el enésimo grupo de amigos que han alquilado el piso de encima para “vivir como un local” y tener fiestas como unos Erasmus.

El turismo de masas está en su pleno apogeo en las capitales europeas.

Gracias a Ryanair, a AirBnB y a otras utilidades para viajar barato, irse un fin de semana de compras a París ya no está al alcance de sólo unos pocos pudientes, si no de cualquier trabajador que pueda ahorrarse unos pocos cientos de euros para dilapidarlos sin compasión en el viaje que se merece.

Los habitantes de la antigua Venecia ya han exigido a su gobierno que tome medidas ante la invasión turística, si no, abandonarán el centro histórico y dejarán el cuidado de los palazzos y las antiguas casas en manos de la providencia, sumiendo a Venecia en una desnaturalización y destrucción inminente.

En Lisboa, están en pie de guerra contra las bicicletas para turistas. En Barcelona, la han tomado con los buses turísticos y las bicicletas de alquiler, así como con los turistas que van en bañador por la ciudad. En Madrid, también están con el acuciante problema de la subida de precio de los apartamentos.

¿Qué soluciones hay ante esta revolución del turismo de masas? Muchos dicen que la solución rápida es subir el precio de visitar estas ciudades, ya sea con alojamientos más caros o el impuesto revolucionario llamado tasa turística. Con estas medidas, se podría contratar a más policías que velasen por el comportamiento cívico de todos los ciudadanos, tanto locales como turistas.

En algunas ciudades no tan turísticas, como Milán, parece que esta tasa turística les funciona, pues equipara el precio de un apartamento AirBnB al de un hotel barato, alejando de sus calles al turismo más barato.

Pero en la costa mediterránea española, donde se ha fomentado sin misericordia desde los años 60 un modelo de turismo barato, de masas, en el que alojar a la mayor cantidad de gente en el menor espacio posible, con el único atractivo turístico de la pinta de cerveza a 1€, ¿qué solución hay?

El turismo de masas está abocado al fracaso, ya que no es un modelo sostenible económica ni socialmente a largo plazo, un largo plazo que ahora estamos sufriendo.

Intentar mejorar las instalaciones para atraer a un turista más exquisito es inviable por los destrozos costeros que ya se han realizado; intentar subir los precios acabaría con esos viajes de jóvenes que suponen gran parte de la clientela, así como con los viajes de familias ávidas por tostarse al sol, que buscarían otros destinos a un precio similar, como las costas de Túnez o las playas del Caribe.

Estas playas del Caribe son en las que los grupos de jóvenes disfrutan, por poco más que la costa Mediterránea, de la pulsera con Todo Incluido, y sin causar tantas molestias a los vecinos.

Al final, creo que la única solución viable es estudiar cuánta gente de visita puede tolerar una ciudad o una costa de forma sostenible. Demanda hay, cada vez más, por eso, si no queremos convertir nuestras ciudades en parques temáticos donde entretener al turista con los paseos en segway y los selfies en el monumento de turno, hay que estudiar cual es la capacidad sostenible de nuestras ciudades, y segmentar el turismo según el nivel adquisitivo que se vaya buscando.

Turismo de masas en un mirador de Florencia
Turismo de masas en un mirador de Florencia

Una ciudad es lo que logran construir sus habitantes con las interacciones del día a día, con el comercio, las tiendas, la vida después del trabajo, no es un parque temático donde todo se desarrolla siguiendo un horario, aunque a veces lo parezca.

Ahora hay medios y conocimiento suficiente para no caer en los errores del pasado, donde se construía sin control esperando llenarlo todo para enriquecerse rápidamente. Este cortoplacismo nos ha llevado a donde estamos ahora y, a la gran mayoría, tanto ciudadanos como turistas, no les gusta.

Hay que pensar el revés. En cuánta masa de turistas pueden soportar nuestras ciudades sin resentirse, y así crear una infraestructura que lo soporte sin arruinar la vida a los habitantes de siempre. Que una ciudad multiplique por cinco o por diez la población del centro en temporada alta es toda una aberración, se mire como se mire.

Puede sonar complicado, sobre todo con estos políticos que se lían sumando dos más dos, pero como no empecemos a poner límites de alguna forma (y el económico sólo es un parche momentáneo), empezaremos a ver que los centros de las grandes ciudades europeas se convierten en parques temáticos sólo aptos para turistas, sin comercios, sin empresas, sin habitantes de verdad, tan sólo inquilinos temporales de AirBnB que disfrutan de su experiencia local en el decorado de turno que sirve de fondo para sus fotografías de Instagram.

Y a ti, ¿cómo crees que es mejor afrontar el turismo de masas? Déjame tu opinión en los comentarios

Sobre Víctor Gómez

¡Hola! Soy Víctor Gómez, fotógrafo y blogger de viajes. Me encanta la naturaleza, los coches y los helados. Viajo para conocer lugares sorprendentes, únicos, e inspirarte a visitarlos a través de mis fotografías. Intento hacerlo siempre lo mejor posible, por eso practico el turismo sostenible. Acompáñame, será divertido.

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  1. Un tema complicado…
    No estoy de acuerdo con pagar la tasa turística. Llegué en avión a Barcelona desde Italia y tenía que pasar la noche ahí hasta el primer tren que fuera a Zaragoza. No vi Barcelona ni hice turismo, sólo dormí en un hotel, ¿por qué tuve que pagar una tasa turística de 2€?
    No es un impuesto justo.
    Creo que podría ayudar eliminar la estacionalidad o rebajarla. Hacer buenas ofertas para que la gente viaje en temporada baja y repartir así el número de turistas en el tiempo. El cómo hacerlo es otro tema, quizá financiando parte de los vuelos y tickets de lugares turísticos en meses como noviembre.
    Saludos desde Siem Reap, hemos estado demasiado tranquilos en temporada baja pero ahora se ve que empieza la alta…

    • Tema muy complicado, pero que habrá que abordar antes o después. La tasa turística la veo como un apaño temporal, pero que no gusta a nadie.
      Lo que comentas de subvencionar la temporada baja, ya se hace más o menos, pues se subvencionan aerolíneas y transportes porque operen durante todo el año, aunque su grueso de actividad es, logicamente, en verano.
      Disfruta de Siem Reap!

  2. Estoy de acuerdo contigo que el turismo de masas, si la cosa sigue así, tiene los días contados. Precisamente el turista que viene para ver la vidilla de esa ciudad si esos vecinos se han marchado porque ya les era inviable vivir económicamente en el centro se encontrarán una ciudad de mentira con bares sólo para turistas y apartamentos de Air BnB, por lo que eso mismo que les atrajo acabará echándoles. Ahora que lo de que los políticos se sienten y piensen en políticas que no sean cortoplacistas lo veo bastante imposible ja ja ja
    Un abrazo ¿nos vemos en Benidorm? ;)

    • Como haya que esperar por los políticos, mal vamos. Tendremos que ser los ciudadanos los que vayamos pidiendo que se pongan a ellos. Casi mejor nos vemos en algún pueblo perdido por ahí, que ya tengo suficiente de Benidorm :P