Budapest en 10 sensaciones buenas y una muy mala

Budapest me encantó. Sabía que me iba a encontrar con una ciudad bonita, pues mucha gente la compara con Praga, pero no me imaginaba que su mezcla de monumentalidad y decadencia aderezado con la alegría del verano me impresionara tanto. Así que para no aburriros mucho, por eso de que el calor aprieta, aquí van las sensaciones que me produjo la capital húngara, tanto las buenas, como una muy muy muy mala que me hace plantearme el volver a Budapest en verano.

Puente de las Cadenas

¡Tiene tranvías amarillos!

A las personas nos gusta simplificar, así que te diré cuál es mi receta secreta para saber si una ciudad tiene los ingredientes necesarios para que, a priori, me guste. Es importante que la ciudad tenga río, navegable a ser posible; que posea una zona muy antigua, si es de hace muchos siglos mejor todavía; pero por encima de todo, que tenga tranvías, y como sean amarillos, ¡seguro que la ciudad me va a encantar! Pues bien, Budapest tiene todo esto, con el añadido de que los taxis, también son amarillos. Así que doble punto.

Tranvía delante del museo etnográfico
Tranvía en el puente de la Libertad

La bonita arquitectura decadente

Budapest siempre fue una ciudad con mucho estilo, algo que salta a la vista. Pasear por sus calles me recordaba a una película de París ambientada en los años 30, con muchos detalles que animaban a descubrir nuevos rincones. Más que el centro, asediado por los turistas que llenan las terrazas para tomarse cervezas, me gustó la zona de barrio, en la que estaba alojado.

Tan sólo 10 minutos andando te separan de una Budapest decadente (en el buen sentido), cuyo estilo me recordó mucho al del barrio de la Alfama de Lisboa, pero con la imponencia de los edificios alemanes. Un placer perderse por estas calles.

Edificios añejos

Música clásica por todos lados

Lo que sin duda ayudó a esta inmersión en una época antigua, de esas que se dice que siempre fueron mejores, por lo menos en los recuerdos, es que en el rincón menos pensado, escuchabas una pieza de música clásica. Ya fuera la suave melodía de un piano, los agudos chillidos de un violín, o el impetuoso lamento de un violonchelo, esta fue la banda sonora de mi viaje por Budapest. La música es un mundo en Hungría, y por eso se disfruta por toda la ciudad.

Uno de los momentos que me transportaron a otra época lo viví mientras subía las destartaladas escaleras que me llevaban al apartamento, y por la puerta de una vivienda allegada, se colaba una antigua ópera. Por una vez, tengo vídeo.

Estatua a la música

Mucha gente joven

Con tantos momentos clásicos, voy a parecer el abuelo cebolleta, así que cambio totalmente de tercio para contarte otra de las cosas que más me gustó de la ciudad, y es que Budapest, es una ciudad muy viva y muy joven. Vale que es clásica, pero eso no quita para que sus calles estén llenas de alegría y de gente disfrutando de la vida, algo que echaba de menos tras venir de Corea del Sur. Si buscas una ciudad para pasarlo bien en verano, Budapest es una opción genial.

A remojo en el parque Erzsébet

Un río llamado Danubio

Como te decía en el primer punto, una ciudad bonita ha de tener un buen río, y Budapest tiene el Danubio. ¿Algo más que añadir?

Es grande, es bonito, tiene mucha clase y da gusto verlo de lo limpio que está (por lo menos desde afuera). Al atardecer se llena de barcos que van de un lado a otro. Algunos son pequeños, y otros tan grandes como el parlamento. Puede sonar a broma, pero creo que miden estos barcos en “parlamentos”.

Río Danubio al atardecer

El parlamento bonito

Hablando del parlamento, los Húngaros siempre dicen que Londres tiene el más grande (con permiso de Bucarest), pero ellos el más bonito. No seré yo quien les lleve la contraria. Más que un parlamento parece un palacio, tal es su ostentación. Al hacer la visita, la guía te cuenta que su construcción supuso un sobrecoste brutal, y casi arruina al país. Fue caro, pero por lo menos les salió muy bonito, y en las fotos queda estupendo, atrayendo a cantidad de turistas de todo el mundo que lo quieren ver.

Entrada principal al parlamento

Kebap, nuevo manjar gastronómico

Para que un lugar me guste, a parte de que sea bonito y la gente me caiga bien, tiene que haber algo gastronómico que me haga pasármelo aún mejor. Pues bien, la sorpresa en Budapest fueron los Kebaps. Sí, sí, esos rollos de carne, que a saber de dónde vienen, que cortan con una afeitadora para meterlo en un pan de pita con vegetales y varias salsas.

En España son un recurso de última urgencia, y nada recomendable a la cena si quieres dormir bien, pero será por el pasado turco de Budapest, que aquí estaban deliciosos. ¡Hasta se distinguía el pollo en los rollos de carne!. Gracias a Viaja en mi mochila por recomendármelos.

Döner Kebap

Este bar es una ruina

En Budapest hay mucha marcha, y según dicen algunas, es la mejor ciudad europea para salir de fiesta (por ejemplo Mis viajes por ahí). Estoy seguro de que los Ruin Pubs (bares en ruina) ayuda mucho a este buen ambiente nocturno. Su origen es de lo más sencillo. Cuando un edificio se declara en ruina y puede que lo vayan a demoler en un futuro, puedes pedir una licencia para abrir un local mientras se hace todo el papeleo (que puede llegar a durar muuuuchos años).

Así empezó el Szimpla Kert (Kazinczy u. 14), el precursor de esta gran idea, aunque por la zona hay muchos más bares en ruina, cada uno con su propia personalidad y mucha originalidad.

Szimpla Kert de noche

Balnearios decimonónicos

Otro clásico de Budapest son sus balnearios, con el popular Széchenyi y los opulentos baños Géllert como los más conocidos. Estando en pleno julio, la verdad es que no me apetecía mucho ponerme a remojo en sus aguas termales, por lo que dejé la experiencia para otra ocasión. Eso sí, no pude resistirme a visitarlos, y puedo decirte que resultan un curioso remanente más del estilo que tuvo y retuvo Budapest. Volveré en invierno a probarlos, eso seguro.

Baños Széchenyi

Los puentes sobre el Danubio

Nunca creí que me llegasen a gustar tanto los puentes, incluso después de haber paseado por los más conocidos de Nueva York. Siempre me parecieron esbeltos, flotando por encima de los ríos, pero en Budapest apetece quedarse mirando el Danubio en todos ellos, tomándose una cerveza bien fría mientras disfrutas de las vistas. Puentes como el de las Cadenas o el de la Libertad son una obra de arte, y el puente Margarita, la mejor puerta para entrar a la isla del mismo nombre, un remanso de paz entre Buda y Pest.

Puente de la Libertad

Y lo que más odié de Budapest

Vale, todo muy bonito, Budapest es una ciudad genial, pero tiene un gran problema, sobre todo en verano. Uno que me afectó mucho, y no hablo solo de la pobreza que se puede ver en las calles, algo que espero se vaya solucionando rápidamente.
¡Los helados son horribles! Una sola bola de helado enana sobre un barquillo asqueroso no se puede llamar helado. Vale que el helado esté bueno de sabor, pero no ayuda el que en dos lametadas se acabe y tengas que buscar otro. Y mejor no pidas mezclar sabores, porque te mirarán como si fueras de otro planeta.

En algunos, pocos, sitios te ofrecen la posibilidad de poner varias bolas, pero ni así se arregla el estropicio. Con lo cerca que está Italia, ¿a nadie se le ocurrió poner una buena Gelateria? Si el Puerto de Santa María tiene una genial, ¿cómo no puede tenerla Budapest?

Helado enano

Hasta aquí llegan mis primeras impresiones de esta maravillosa ciudad, en un formato que se está convirtiendo en habitual. Ahora es tu turno, ¿qué experiencia es la que más te ha gustado?

Información útil para visitar Budapest:

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Sobre Víctor Gómez
¡Hola! Soy Víctor Gómez, fotógrafo y blogger de viajes. Me encanta la naturaleza, los coches y los helados. Viajo para conocer lugares sorprendentes, únicos, e inspirarte a visitarlos a través de mis fotografías. Intento hacerlo siempre lo mejor posible, por eso practico el turismo sostenible. Acompáñame, será divertido.

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