Art Nouveau, el orgullo de Bruselas

Frío, viento, oscuridad y nieve. Tal fue el saludo belga nada más llegar al aeropuerto. Un autobús nos acercó a una ciudad que parecía vacía. Calles medio iluminadas, de resbaladizos adoquines bajo una gruesa lluvia constante, edificios ocultos tras infinitos andamios. Pocos coches, y menos peatones, sin ser siquiera las 7 de la tarde.

Grand Place
Grand Place de Bruselas

Tras un sencillo desayuno, el primer verdadero contacto con la ciudad de Bruselas fue a través de sus edificios. Continuaba la sensación gris y fría alrededor, entre iglesias con sus edificios anexos e inseparables (al menos sin riesgo de que todo se viniera abajo), aberraciones de los años setenta y ochenta del siglo XX y alguna que otra construcción con aires comunistas.

De repente, apareció de la nada un extraño personaje, Monsieur R., de perpetua sonrisa, mofletes rojizos, regordete y jovial, vestido como un catedrático de Cambridge y con un paraguas negro en la mano. Saludó con cordialidad y comenzó, casi sin más, a hablar de Bruselas.

Reflejos de Bruselas
Reflejos de Bruselas

No se puede entender esta ciudad sin pensar en las continuas renovaciones y restauraciones que se llevan a cabo. Solo los edificios verdaderamente interesantes y bellos sobreviven al paso del tiempo, los demás, tarde o temprano, serán reemplazados por nuevas muestras arquitectónicas” -comentaba haciendo aspavientos con el paraguas-. “No en vano somos los verdaderos creadores del Art Nouveau, por mucho que no nos lo quieran reconocer y se lo adjudiquen normalmente a Francia… Aunque haya trabajos belgas de Art Nouveau fechados antes que los primeros franceses” -concluyó con un guiño.

Pero, ¿qué tiene el Art Nouveau que lo hace tan especial?

La mentalidad con la que se diseñaban los espacios. Ante nosotros, los ventanales del actual CBBD o Centro Belga del Cómic comenzaron a brillar con el sol que se empezaba a dejar entrever en el cielo.

El Centro Belga del Cómic es una de las obras más importantes del principal arquitecto del Art Nouveau belga Victor Horta, es una perfecta muestra de esta nueva mentalidad constructora que busca algo más que la belleza por la belleza: recurre a todos los materiales que la floreciente industria ofrece para conformar espacios prácticos según los usos que se les vaya a dar, tomando como prioridad la comodidad de los residentes.

Museo del Cómic Belga diseñador por Víctor Horta
Museo del Cómic Belga diseñador por Víctor Horta

Así, en todas las decisiones del arquitecto hallamos razones lógicas, por ejemplo en la disposición y tamaño de las ventanas, la altura de los pisos, el uso de cristales en ciertas zonas del techo o el sistema de calefacción, entre otras cuestiones. Acceder a este edificio es como volver atrás en el tiempo, a los comienzos del siglo XX y experimentar un poco de esa forma de vida.

En el Art Nouveau no se deja nada al azar. Menos aún el aspecto estético, donde los motivos florales y femeninos, las líneas orgánicas, son distintivas en fachadas e interiores.

Una calle de Bruselas
Una calle de Bruselas

Y según Monsieur R. callejeaba, iba descubriendo secretos y joyas arquitectónicos estrechamente relacionados con la masonería, pues parece ser que Victor Horta y muchos de sus compañeros de profesión formaban parte de esta institución, y es que dejaban símbolos reconocibles como masónicos (una escuadra o un compás, por ejemplo), más o menos ocultos, en los edificios que diseñaban para aquellos ojos que supieran verlos.

La Grand Place de Bruselas resultó una clara muestra.

Se trata de un espacio más o menos rectangular definido por maravillosos edificios llenos de simbología que, en su mayor parte, habían sido construidos para los distintos gremios de la ciudad, aunque hoy en día su uso ya no sea el mismo.

Detalles art nouveau en el Antiguo Hôtel Gresham
Detalles art nouveau en el Antiguo Hôtel Gresham

En una de las calles que surgen de esta plaza hay un mural. Para alguien con escaso conocimiento, parece un dibujo bonito, bien compuesto…y poco más; pero para el ojo experto de Monsieur R. era un importante fragmento de Historia que expresaba la unión de todos los arquitectos masones de Bruselas que habían trabajado en los edificios de la Grand Place (salvo uno, enemigo acérrimo de Victor Horta y de los masones, además de arquitecto del edificio conocido como Maison du Roi, que actualmente contiene el Museo de la Ciudad de Bruselas, en esa misma plaza) bajo la protección del burgomaestre o alcalde de entonces, quien había tratado de conservar las creaciones del Art Nouveau en contra de los academicistas detractores de dicho movimiento artístico.

Las horas de caminata y descubrimiento se hicieron minutos y, echando la vista atrás desde los dos últimos edificios visitados (justo después de las impresionantes galerías acristaladas Saint Hubert), parecía que solo habíamos comenzado a arañar la superficie del Art Nouveau y, al mismo tiempo, Bruselas ya había demostrado ser mucho más de lo que en un primer contacto prometía.

Museo de Instrumentos Musicales
Museo de Instrumentos Musicales

La Place Royale, de geométrico diseño austríaco, guardaba un pequeño tesoro en el interior de uno de sus edificios: el conocido como antiguo Hôtel Gresham, de fachada dura y fría, neoclasicista, del que no se espera la calidez de los decorados que aguardan tras la puerta principal.

Y a una manzana de distancia en dirección norte pudimos disfrutar de una de las creaciones belgas de Art Nouveau más impresionantes y llamativas: el MIM, Museo de Instrumentos Musicales. Su fachada ya capta la atención desde lejos. Rodeado de edificios de piedra y ladrillo, este en cambio está construido a base de acero forjado y vidrio, con grandes ventanales para aprovechar toda la luz posible, estructuras metálicas a las que se ha dado forma orgánica, y hermosas partituras en su fachada, la cual a su vez recuerda al castillo de popa de un barco antiguo.

Galerías Saint Hubert
Galerías Saint Hubert

Tal lugar fue el escogido por Monsieur R. para despedirse. Otros compromisos le aguardaban, debía amueblar nuevas cabezas. No niego que casi esperaba verlo abrir su paraguas y salir volando cual Mary Poppins, pero tampoco me quedé a comprobarlo.

Preferí adentrarme en el MIM y continuar con aquella jornada de descubrimientos bruselenses.

Sobre Nina Fernández
Empuño la espada desde hace unos cuantos años, pero ya antes esgrimía la pluma y la palabra. Me encantan las historias y busco enfatizar el factor humano en ellas, potenciar la fuerza del mensaje.

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