El joven príncipe Fernando II se enamoró de la zona de Sintra paseando con su esposa, María II de Portugal, y tanto le gustó esta montaña boscosa en medio de la llanura que en 1836 decidió empezar la construcción de un palacio único que les serviría de residencia de verano.
La construcción fue lenta y costosa, como en cualquier obra de gran envergadura, pero además en el Palacio da Pena (Palacio Nacional de la Peña) conjugaron varios estilos arquitectónicos, todos muy neo: neo-gótico, neo-manuelino, neo-islámico y neo-renacentista. Tantos estilos unidos crean un palacio muy peculiar, que parece una casa de muñecas por sus coloridos muros, y no se sabe muy bien si sus muros y torreones cumplen una función defensiva o solo estética.

Vistas desde el Castillo da Pena, Sintra




