Seis horas para ver una gran ciudad. Aprovechando la larga escala entre dos vuelos, hice una visita relámpago al centro de París, sobrándome tiempo para comer un típico crèpe. La primera parte de esta pequeña locura ya la conté en la visita a la Torre Eiffel, que me llevó toda la mañana. Tras un pequeño paseo alrededor del monumento, ya eran las 2 de la tarde, teniendo que coger el metro de vuelta a las 5 si no quería quedarme en Francia.
Tenía por delante 2 horas para recorrer 5 kilómetros por una de las ciudades más monumentales de Europa. Quién me mandará meterme en estos embolados.


