La cascada de Bad Urach
A poco más de media hora de Tubingen, y en plena selva negra, se encuentra la cascada de Bad Urach, que cuenta con su propia parada de tren y todo.
Para llegar a la cascada hay que andar unos cuatro kilómetros a la vera un riachuelo y en medio de un frondoso bosque, de un verde muy oscuro. De ahí debe venirle el nombre a la zona.
Al final del camino se encuentra la famosa cascada, de más de 35 metros de altura. La ubicación es muy buena, pues al estar en un alto, se ve todo el valle, e incluso se distinguen algunas antiguas fortalezas en los montes de en frente. Como en las cascadas de las películas, se puede andar casi por debajo por un pequeño camino que hay.
En la parte superior de la cascada hay un área recreativa, con sus bancos, barbacoas, y el bar cerrado. Eso en España seguro que no pasa, aunque tampoco pasaría que un lugar así estuviera tan limpio y bien cuidado.
En la vuelta al tren, se puede ir por otro camino por el medio del bosque, muy parecido a los que hay por Asturias, con mucha frondosidad y verde por todas partes.
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Sigmaringen y el castillo de Hohenzollern
A una hora escasa de Tubingen, se encuentra el pequeño pueblo de Sigmaringen, que tiene un impresionante castillo, como casi todos los pueblos de la zona.
En esta parte de Alemania hay un montón de castillos preciosos, que en vez de ser estilo fortaleza como los españoles, son más unos palacios en la cima de un monte. Por la zona se encuentran castillos famosos como el de Disney o este de Hohenzollern-Sigmaringen, un poco menos impresionante que el Castillo de Hohenzollern, pero con un acceso mucho más fácil, pues está en medio del pueblo.
El recorrido por el interior del castillo, en un perfecto alemán, dura poco más de una hora, poco tiempo para ver tantas salas y recovecos, y eso que la visita es solo por la zona que habitaban los reyes o señores que vivían aquí.
Son curiosos los baños del castillo, los ventanales y la calefacción, pues son casi como los actuales. El castillo de Sigmaringen es humilde en arquitectura, pero muy servicial para los habitantes, ya que a los inquilinos les gustaba disfrutar de comodidades más que de la vista, aunque esto no quiere decir que sea feo, más bien lo contrario.
El castillo también tiene una sala de armas muy completa, con una colección que va desde las balletas y arcos de la edad media, hasta los fusiles de la primera guerra mundial, contando hasta con katanas y espadas.
Tras la visita al imponente castillo con la guia en español, tocaba un paseo por el pueblo saboreando un rico helado típico alemán.
Sigmaringen es otro pueblo precioso, del estilo de Tubingen pero mucho más pequeño y donde todo es casco antiguo muy cuidado y floreado.
Sólo hay que ver las fotos para ver que bonita es la zona. En la galería de fotos de Alemania hay más fotos.
Sigue Tubingen
Casi una semana por Tubingen dan para un puñado de fotos decentes y muchos buenos recuerdos, y como no es plan de estar todo el tiempo de lo que hice y deje de hacer, sigo subiendo fotos de las que más me gustaron.
En este pueblo hippy, incluso hay un edificio okupa con toda la fachada grafiteada y donde se hacen fiestas universitarias. Lo más curioso, es que justo enfrente hay alguna tienda de fotografía con objetivos y cámaras Leica en el escaparate y un centro comercial estilo El Corte Inglés.
En algunas fotos se ve batante nublado, y es que esto no es Benidorm y el sol esta algo escaso, aunque pude disfrutar de algún día de playa y de bastantes helados. También es casualidad que en todas las excursiones hacía un tiempo precioso, pero al volver a Tubingen estaba lloviendo o nublado, pero aún así no para la fiesta.
Poco más puedo contar de interés, ya que me parece que no hay museos en Tübingen ni edificios remarcables, solo una universidad en un castillo, una iglesia antigua con la torre en reparación, un casco antiguo que te transporta a la edad media, un jardín botánico que nada tiene que envidiar a alguno más famoso, una cantidad de cervecerias y heladerías muy superior a la normal, y sobre todo buen ambiente, bicicletas y flores. Solo hay que fijarse en las fotos. En todas hay flores o bicicletas.
El resto de las fotos en la galería de Tubigen en Flickr
El pueblo bonito de alemania, Tübingen
Tras la visita expréss a Londres, tocaba una semana por Tubingen y alrededores, ya que pillaba de camino.
Este pueblo está situado al sur, cerca de la Selva Negra, en la zona más verde de Alemania y más adinerada.
Tras aterrizar en Stuttgart, famosa ciudad por ver nacer a Porsche, fui hasta Tubingen para ir a la piscina y descansar un poco del vuelo. Fue un poco como en Asturias, pues tras unas horas de sol, empezó a llover.
A parte del clima fresco, esta zona también se parece mucho a Asturias en todo el verde que hay y en las curvas de la carretera, pero ahi terminan las semejanzas.
A parte de lo que se ve en las fotos, con esa arquitectura tan peculiar de las zonas de alta montaña, con casas de varios pisos, cuadradas y con madera en las fachadas, el ambiente es muy distinto al español.
Al ser esta una ciudad universitaria, hay muchísima gente joven, y entre que todo el mundo va en bici y hay flores en todas las esquinas, esto parece una ciudad hippy. Debe de ayudar que gobiernen los verdes, de ahí que todas las papeleras sean de basura selectiva, el transporte público muy abundante aunque caro, se respete mucho la naturaleza y sobre cerveza en todas las terrazas.
En este primer día de contacto poco más se puede decir. Es muy curioso estar cenando y ver a unas vacas al lado de la ventana, cuando se supone que estas en una ciudad, y que el autobús recorra 10 minutos entre árboles, sin ver edificios, para llegar hasta el alojamiento, que no está fuera del núcleo urbano.
Otra curiosidad que también ocurría en Londres, es que los semáforos se ponen en ámbar al pasar de rojo al verde. Será para ir calentando motores, cosa que en Alemania parece que gusta mucho, que con tanto Porsche, Bmw y Volkswagen, les encanta salir perdiendo rueda de los semáforos.